miércoles, 5 de marzo de 2008

UN CUENTO DE LUIS LUJÁN

EL BAGRE COMPAÑERO
Luis Luján (1)


Si lo veo al Bagre Rojas, pedazo de muchacho. Ni siquiera un bagre era tan parecido a un bagre como era el propio Bagre Rojas. Montaraz de hacha en mano en los chatos montes de espinillo y tala de Las Ceibas. Se quedaba un mes y medio sin salir del obraje y cumplido ese tiempo, salía una semana de franco. Semana que recalaba, entera, en el boliche del Gordo. Su experiencia en mostradores y mamúas le había enseñado que si se sentaba en un banquito y en una esquina, las paredes lo contendrían de una eventual caída y eso le daba tranquilidad. En esa esquina pasaba la semana de descanso. Ejemplar único, el Bagre, cantaba y chiflaba a la vez, nunca he visto otro caso igual. Chupaba, se dormía, despertaba, en ese orden, orden que, en él, era circular. Si se dormía cantando, cuando despertaba retomaba el chamamé en donde lo había dejado, feliz anticipo de la memoria digital. Como tipo completo que era, una tarde que lo invitaron a un picado en la canchita de enfrente al boliche, aceptó. No iba a decir que no si era parejo y los parejos en este pueblo no le hacen asco a nada. Y fue al arco, único puesto posible para el Bagre. Allí, debajo del travesaño, bien al medio, hacía visera con la mano, el sol de frente le daba de manera criminal. El boliche estaba a cien metros de la cancha y la mirada del Bagre, quemada por tanto fuego, oscilaba entre el campo de juego y el boliche que le traía esa nostalgia de la siesta al reparo, el sosiego que da el botellón al alcance de la mano. Entonces comenzó a evaluar que, si bien no tenía esa cobertura de paja y chapa, podría tener, al menos, el reposo del botellón al pie del arco. En cierto momento en que la pelota rebotaba cerca del área enemiga, Rojas consideró oportuno ir de una carrerita hasta el boliche y traer su vino para cumplir el sueño de la botella al pie. Y salió con trote confiado, no había peligro, la jugada estaba lejos. Esa distensión lo llevó del trote al tranco apurado que enseguida transformó en tranco pasivo a medida que se acercaba. La proximidad del líquido prometedor hizo que los sentidos del guardavalla comenzaran a gozar de antemano, sus bondades. Así iba, como en un ensueño, como siempre iba, hasta que escuchó unos gritos paralizantes por lo graves: ¡Arquero... arquero...! ¿Dónde está el Bagre?, inquirían las voces de los compañeros. Y el Bagre, recobrado en un orgullo ancestral de cumplidor, ahí nomás pegó la vuelta, sin botella. Esparcía cascotes con las botas de goma a medida que incrementaba su velocidad. Claro que el contragolpe fue mucho más veloz que el orgullo del Bagre y a la defensa no le quedó otra que barrer un delantero para evitar el gol. ¡Penal!. Y vinieron los reclamos: ¿Bagre hijuesiete... dónde te habías metido...? El arquero, sin responder, tomó posesión del cetro momentáneo, se agachó un poco y entornó los ojos oblicuos para ver mejor. Pata e´ fierro, ejecutor del tiro libre penal por razones obvias, busco su distancia en medio de un silencio mortífero. Pata corrió. Pata tiró. El Bagre adivinó el lado. Con ciertas reminiscencias aborígenes y con esa elasticidad que suele dar el trabajo en el monte, ensayó una volada hacia el ángulo acertado, no como las tradicionales con el puño listo para sacar el balón, sino una volada al revés, patada voladora que fue a dar, violenta su bota contra el poste. El tiro salió arriba, a la derecha y afuera, pero el arco tembló, tembló también el tobillo del Bagre que de inmediato se hinchó, hinchando además la Pampero que cobró grosor y brillo. En acto instintivo de supervivencia, el arquero, cabeza abajo, estiró los brazos que no fueron suficientes y su cara afilada fue a dar de lleno contra la tierra en polvo. ¡No si no tenés arquero por las calores!, dijo Lombriz Coqueta, aguatero del equipo, vinero en este caso. ¡Nunca había visto un bagre comilón de tierra!, dijo otro, mientras el Bagre Rojas, la cabeza doblada contra el poste, ciego su ojo derecho, redondo de tierra pisoteada, escupía saliva de vino con pasto tragado en la bajada, con el dolor del cogote, capaz quebrado, con la hinchazón del tobillo, capaz pa´ siempre, pero con el honor a salvo... ¡Carajo!


El Bagre compañero, comentado por Lilí Muñoz

El relato logra un remate que es a la vez apertura inaugural a la pluralidad de sentidos. Con rasgos metonímicos marcados desde las imágenes y el vocabulario, el desarrollo va delineando un personaje de la comarca, con expresiones al tono, de cosecha oral, cotidiana, precisas en su contundencia realista y poética a la vez.
El cuento es un género en el cual Luis Luján no se aleja de su condición de poeta, aunque la opción por el relato, en esta instancia, pudiera sugerir otros carriles en lo discursivo, en una primera aproximación de lectura. El no revelamiento directo de esa poesía que es casi un subtexto, la opacidad y la densura, desde mi perspectiva, favorecen la recepción polisémica que se va gestando. El personaje, el Bagre Rojas, se reinvindica en su condición de ser humano, con su pequeño gran acto de heroísmo, quizá el único de su vida, la defensa del arco, la lealtad a la palabra dada, a costa de su cuerpo, de su propio dolor físico. El Bagre es y será para siempre un héroe de los de todos los días, más aún, un héroe paródico, es decir un hèroe dramático, porque al tiempo que leemos un acto de la envergadura epopéyica de un Aquiles quien prefirió la gloria (el honor -en el caso del Bagre- informa el narrador) a una larga vida, es el Bagre un personaje que realiza la proeza desde su estado marginal, ¿circunstancial o consuetudinariamente borracho? El narrador indicia lo segundo. Pero es este mismo Bagre, el de los vinos, quien, contradictorio e inconsciente en la búsqueda de su areté, protagoniza la ¿mínima? gran gloria casi esperpéntica desde el anonimato y la ninguneidad. Sacrifica literalmente el bienestar, por pequeño, tal vez desechable y hasta censurable que aquel -desde otras perspectivas que no fuesen las del personaje- pudiera parecer, ofreciendo en un ignoto partido de potrero el desgaste y fragmentación de su propio cuerpo.
El final del cuento del escritor entrerriano Luis Luján trae el eco de otro final, el de Expedito González, el Fantasista[2], también él esperpéntico personaje que lectora y lector deben a la pasión del fútbol. El Fantasista, en un enfrentamiento entre equipos de pueblos surgidos de la explotación minera y a la vez perdidos y en extinción en la pampa salitrera del norte de Chile, logra sus más preciados sueños: recuperar la caricia de su ocasional compañera de desamparos, una prostituta de las rutas del salitre, conocida como la Colorina o la Malanoche, y la innegable ovación del público. Mientras, inmola su cuerpo y su vida en un partido donde se confunden lo deforme y lo sublime, el ridículo y lo amoroso de las relaciones entre seres humanos, aunque se trate de aquellos y aquellas que no aparecen por pantalla de TV, no tienen voz ni son transmitidos en las grandes cadenas radiales o publicadas sus hazañas en tiradas de diarios importantes. Es que en ambos personajes, en el Bagre Rojas y el Fantasista Expedito González, el héroe/antihéroe (o al revés) se manifiesta en el ámbito de lo local, desde los lugares de la querencia, desde los rasgos de sus aquí y ahora, para insertarse en el universalismo de los temas de siempre del ser humano y de la literatura de todos los tiempos y culturas. Los dos optan por vivir de determinada forma en la memoria de su público, a través de un instante y de una manera de creación en esta vida, la suya, la propia: dicen de su estancia y del final de esa estancia en un gesto y en un acto singular, en el que el cuerpo, vitalmente, se compromete: el protagonista cumple su sueño porque el cuerpo está allí, es ofrenda, comida y néctar, ilusión, carne y finitud .
Luis Luján retoma el insondable tema de la muerte y de la vida, el siempre tema del amor y de sus contracaras, sus complejidades y aristas. "Si no creyera en el escucha...", " Si no creyera en el amor... " parece estar exhalando la boca del montaraz Bagre Rojas, mientras se inunda de la tierra del potrero comarcano. ¿El héroe/antihéroe vuelve a sus orígenes, al seno de la madre tierra, se sumerge y mimetiza en ella y con ella...?

Lilí Muñoz, lidiar@arnet.com.ar poeta y escritora; profesora en Letras. Ciudad de Neuquén, Provincia del Neuquén, Patagonia Argentina, julio del 2007.
[1] Escritor y poeta argentino, nacido en San.José de Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina, en 1953. El relato El Bagre compañero, escrito en febrero del 2007, es inédito. Luis Luján ha publicado el libro de poesía A pesar de todo publicado por Ediciones del Clé, 1996, y Libros en Red, www.librosenred.com; el libro de relatos, Entre Ríos al Sur, en coautoría con Andrés H. Casareto; y Muerto el Pedro se acabó la rabia, relatos, 2005, Edit.Tierra del Sur, Barracas-La Boca, Bs.As.

[2] Personaje de El Fantasista, novela del escritor chileno Hernán Rivera Letelier, Alfaguara, Bs.As., marzo del 2007.

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